¿Está cambiando el tiempo…
o está cambiando nuestra manera de experimentarlo?


En las últimas semanas me han ocurrido algunas experiencias curiosas relacionadas con el tiempo que me han hecho detenerme y preguntarme qué está pasando con nuestra percepción de él.
La primera sucedió mientras escuchaba la radio. Durante unos instantes tuve la extraña sensación de que una misma secuencia de acontecimientos se estaba repitiendo. Pensé que quizá había sido una impresión momentánea, pero volvió a suceder. Y después, una tercera vez.
Poco después tuve otra experiencia diferente. Esta vez estaba conduciendo y, durante un momento, tuve la sensación de que el recorrido se había acortado, como si una parte del trayecto hubiera transcurrido de una manera diferente a la habitual.
No sé exactamente qué fueron estas experiencias. Quizás simplemente pequeñas alteraciones de mi percepción. Pero me hicieron pensar en algo que todos hemos experimentado alguna vez: el tiempo no siempre se siente igual.
Nuestra percepción del tiempo
Todos sabemos que una hora tiene sesenta minutos y, sin embargo, nuestra experiencia de esa hora puede ser completamente diferente. Un día puede parecernos interminable y, cuando miramos atrás, descubrir que han pasado meses casi sin darnos cuenta. Unos minutos pueden desaparecer cuando estamos disfrutando y parecer eternos cuando estamos esperando.
Nuestra mente también viaja constantemente entre el pasado y el futuro. Recordamos, anticipamos, interpretamos y planificamos. Y mientras hacemos todo esto, el único momento que realmente estamos viviendo —el presente— puede quedar en segundo plano.
Hay momentos, sin embargo, en los que dejamos de pensar en el tiempo. Cuando estamos completamente inmersos en algo que nos apasiona, cuando contemplamos el mar o cuando vivimos una experiencia intensa, simplemente estamos.
Quizás ahí exista algo importante: cuando estamos plenamente presentes, nuestra relación con el tiempo cambia.
Volver al presente
Para mí, estar presente no significa olvidar lo que hemos vivido ni dejar de pensar en lo que vendrá. Significa no permitir que el pasado o el futuro ocupen constantemente el lugar del momento que estamos viviendo. Porque cuando conseguimos estar realmente presentes, aparece un espacio para observar, sentir y elegir.
Esta mirada forma parte también de la visión del Método Luzymar: comenzar a experimentar nuestra vida desde un lugar diferente, reconociendo nuestros patrones y aprendiendo a relacionarnos con nuestra experiencia con mayor consciencia.
Despertar de Luz abre ese primer espacio de exploración para quienes sienten que ha llegado el momento de vivir desde una nueva perspectiva. Y ADN de Luz permite profundizar en ese recorrido a través de 13 activaciones.
Quizás el tiempo no esté cambiando. Quizás lo que está cambiando sea nuestra manera de vivirlo. Y tal vez no necesitemos más tiempo, sino estar más presentes en el tiempo que tenemos. Porque al final, el único momento en el que realmente podemos transformar algo…es este.
Marta

