¿Está cambiando el tiempo…

o está cambiando nuestra manera de experimentarlo?

En las últimas semanas me han ocurrido algunas experiencias curiosas relacionadas con el tiempo que me han hecho detenerme y preguntarme qué está pasando con nuestra percepción de él.

La primera sucedió mientras escuchaba la radio. Durante unos instantes tuve la extraña sensación de que una misma secuencia de acontecimientos se estaba repitiendo. Pensé que quizá había sido simplemente una impresión, algo momentáneo al que no debía darle demasiada importancia.

Pero volvió a suceder.

Y después, una tercera vez, de forma consecutiva.

No duró mucho. Fueron apenas unos instantes, pero la sensación fue lo suficientemente clara como para hacerme pensar en ello. ¿Había sido una coincidencia? ¿Un pequeño error de percepción? ¿O podía estar experimentando de alguna manera algo relacionado con nuestra forma de vivir el tiempo?

Poco después tuve otra experiencia diferente. Esta vez estaba conduciendo y, durante un momento, tuve la sensación de que el recorrido se había acortado. Había pasado de un punto a otro con una percepción del tiempo diferente a la habitual, como si una parte del trayecto hubiera transcurrido de una manera que no podía explicar del todo.

No pretendo afirmar qué fueron exactamente estas experiencias. Simplemente me resultaron curiosas. Y quizá lo más interesante no sea encontrar una explicación inmediata, sino permitirnos observar qué nos están mostrando.

Porque, en realidad, todos tenemos alguna experiencia con el tiempo que nos resulta difícil de explicar.

Un día puede sentirse interminable y, sin embargo, cuando miramos atrás, descubrimos que han pasado semanas, meses o incluso años casi sin darnos cuenta. Otras veces ocurre lo contrario: unos minutos pueden parecer mucho más largos de lo que realmente han sido.

Entonces aparece una pregunta que últimamente me acompaña:

¿Está cambiando el tiempo… o está cambiando nuestra manera de experimentarlo?

Hace unos días escuché un mensaje canalizado transmitido por Anne Tucker, atribuido a Isa (descrita en el mensaje como la madre de todas las almas y de la creación), en el que se plantea una perspectiva que conecta de una manera curiosa con estas experiencias: el llamado “colapso del tiempo” no significaría que el tiempo físico vaya a desaparecer, sino que nuestra experiencia del tiempo podría estar transformándose.

La ilusión del tiempo lineal

Habitualmente vivimos el presente mezclándolo constantemente con el pasado y el futuro.

Recordamos lo que ocurrió, interpretamos lo que estamos viviendo a partir de esas experiencias y, al mismo tiempo, imaginamos lo que podría suceder después. De esta manera, rara vez experimentamos el momento presente de forma completa.

El mensaje utiliza una imagen sencilla para explicarlo: es como permanecer dentro de una casa y observar la realidad únicamente a través de una ventana. Vemos una parte, la analizamos y tratamos de comprenderla desde fuera.

Pero ¿qué sucede cuando dejamos de observar la vida desde la distancia y entramos plenamente en ella?

Cuando simplemente estamos

Hay experiencias en las que dejamos de pensar en el tiempo.

Cuando reímos de verdad, cuando sentimos una alegría profunda, cuando contemplamos algo que nos conmueve o incluso cuando experimentamos dolor, no necesitamos separarnos de la experiencia para analizarla. Estamos dentro de ella.

En esos momentos, pasado y futuro pierden protagonismo. Solo existe lo que está sucediendo ahora.

Quizás eso sea, en esencia, lo que significa que el tiempo “colapse”: no que desaparezcan los minutos y las horas, sino que dejamos de experimentar nuestra vida dividida entre lo que fue, lo que es y lo que creemos que será.

Volver al presente

Desde esta perspectiva, también aparece una posibilidad de liberación.

Cuando llevamos continuamente nuestras heridas del pasado hacia el futuro, podemos terminar repitiendo los mismos patrones una y otra vez. Pero cuando somos capaces de vivir una experiencia desde el presente, sin proyectar sobre ella todo lo que ya ocurrió, aparece un espacio nuevo.

Un espacio en el que podemos responder de otra manera.

Anne Tucker señala que este cambio no depende de que llegue alguien desde fuera para transformar nuestra realidad. La transformación comienza en nosotros: en nuestra capacidad de sanar, de amarnos con todas nuestras partes y de integrar aquello que hemos vivido.

Quizás por eso tantas personas sienten que algo está cambiando con el tiempo.

Tal vez no sea el reloj.

Tal vez seamos nosotros.

Y quizás, a medida que aprendemos a estar verdaderamente presentes, descubrimos que el tiempo no necesita ser perseguido, controlado ni comprendido.

Solo necesita ser vivido.

Marta