¿Está cambiando nuestra percepción del tiempo?
Hay momentos en los que parece que el tiempo ya no se comporta como antes.


Un día puede sentirse interminable y, sin embargo, cuando miramos atrás, descubrimos que han pasado semanas, meses o incluso años casi sin darnos cuenta. A veces tenemos la sensación de que todo está sucediendo muy deprisa, como si los acontecimientos se sucedieran unos a otros sin apenas espacio para asimilarlos.
¿Está cambiando el tiempo… o está cambiando nuestra manera de experimentarlo?
En un mensaje canalizado transmitido por Anne Tucker, atribuido a Isa —descrita en el mensaje como la madre de todas las almas y de la creación— se plantea una perspectiva interesante: el llamado “colapso del tiempo” no significaría que el tiempo físico vaya a desaparecer, sino que nuestra experiencia del tiempo está transformándose.
La ilusión del tiempo lineal
Habitualmente vivimos el presente mezclándolo constantemente con el pasado y el futuro.
Recordamos lo que ocurrió, interpretamos lo que estamos viviendo a partir de esas experiencias y, al mismo tiempo, imaginamos lo que podría suceder después. De esta manera, rara vez experimentamos el momento presente de forma completa.
El mensaje utiliza una imagen sencilla para explicarlo: es como permanecer dentro de una casa y observar la realidad únicamente a través de una ventana. Vemos una parte, la analizamos y tratamos de comprenderla desde fuera.
Pero ¿qué sucede cuando dejamos de observar la vida desde la distancia y entramos plenamente en ella?
Cuando simplemente estamos
Hay experiencias en las que dejamos de pensar en el tiempo.
Cuando reímos de verdad, cuando sentimos una alegría profunda, cuando contemplamos algo que nos conmueve o incluso cuando experimentamos dolor, no necesitamos separarnos de la experiencia para analizarla. Estamos dentro de ella.
En esos momentos, pasado y futuro pierden protagonismo. Solo existe lo que está sucediendo ahora.
Quizás eso sea, en esencia, lo que significa que el tiempo “colapse”: no que desaparezcan los minutos y las horas, sino que dejamos de experimentar nuestra vida dividida entre lo que fue, lo que es y lo que creemos que será.
Volver al presente
Desde esta perspectiva, también aparece una posibilidad de liberación.
Cuando llevamos continuamente nuestras heridas del pasado hacia el futuro, podemos terminar repitiendo los mismos patrones una y otra vez. Pero cuando somos capaces de vivir una experiencia desde el presente, sin proyectar sobre ella todo lo que ya ocurrió, aparece un espacio nuevo.
Un espacio en el que podemos responder de otra manera.
Anne Tucker señala que este cambio no depende de que llegue alguien desde fuera para transformar nuestra realidad. La transformación comienza en nosotros: en nuestra capacidad de sanar, de amarnos con todas nuestras partes y de integrar aquello que hemos vivido.
Quizás por eso tantas personas sienten que algo está cambiando con el tiempo.
Tal vez no sea el reloj.
Tal vez seamos nosotros.
Y quizás, a medida que aprendemos a estar verdaderamente presentes, descubrimos que el tiempo no necesita ser perseguido, controlado ni comprendido.
Solo necesita ser vivido.
Marta
