Mi despertar espiritual a los 50

cuando todo empieza a tener sentido

Hay momentos en la vida en los que, al mirar hacia atrás, podemos reconocer que determinadas piezas llevaban mucho tiempo preparándose, mucho antes de que fuéramos conscientes de ello. Cuando pienso en mi propio despertar espiritual, siento que comenzó mucho antes de que pudiera ponerle ese nombre.

Durante más de 30 años, el yoga formó parte de mi vida y fue uno de los pilares de mi camino interior. Después, durante más de una década, continué explorando diferentes caminos de crecimiento personal para transformar creencias limitantes, comprender mis patrones y liberarme de aquello que ya no me permitía avanzar.

A lo largo de este recorrido viví sesiones de Constelaciones Familiares y Kundalini Activation Process, y realicé formaciones en Programación Neurolingüística, Técnicas de Liberación Emocional y Educar con Conciencia. También participé en múltiples retiros conscientes y en numerosas experiencias de transformación, terapias energéticas y prácticas de conciencia.

Cada una de estas experiencias fue aportando una nueva mirada y me ayudó a conocerme más profundamente, a comprender mis emociones y mis patrones, y a reconocer aquellas partes de mi historia que necesitaban ser vistas, comprendidas e integradas.

Pero, curiosamente, muchos años antes de comenzar todo ese trabajo interior, una pregunta muy sencilla marcó un punto de inflexión en mi vida.

«Mamá, ¿por qué nunca sonríes?»

Mi hija tenía apenas tres años. Estábamos en la cocina cuando me miró y me preguntó: «Mamá, ¿por qué nunca sonríes?» Aquella pregunta me golpeó profundamente. Una niña de tres años había puesto palabras a algo que yo, como adulta, no estaba queriendo mirar.

Me hizo detenerme y preguntarme cómo estaba realmente. A partir de ahí comenzó un proceso de mirar hacia dentro y trabajar experiencias que, aunque parecían dormidas, seguían influyendo en mi manera de sentir y vivir. Con el tiempo comprendí que podemos intentar olvidar determinadas experiencias, pero nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra forma de relacionarnos con la vida pueden seguir expresándolas.

Cuando una puerta se abre

Por eso, cuando digo que mi despertar espiritual comenzó a los 50 años, no significa que todo empezara de repente. Al contrario. Hoy siento que todos aquellos años de búsqueda, aprendizaje y trabajo interior habían estado preparando el terreno.

Y entonces, recien cumplidos mis 50, algo cambió. Se abrió una puerta. Tras realizar un curso de canalización sagrada, comencé a experimentar la realidad desde un lugar diferente y a sentir que todo aquello que había vivido durante tantos años podía tener un propósito que iba más allá de mi propia evolución.

De mi camino al Método Luzymar

Cuando miro ahora hacia atrás, comprendo que el Método Luzymar no apareció de la nada. Es la expresión natural de un camino que llevaba décadas recorriendo y de todo aquello que había descubierto y experimentado en mí misma.

Quizás una de las transformaciones más importantes de esta etapa ha sido pasar de trabajar principalmente en mi propia evolución a poner mi experiencia, mis herramientas y mis dones al servicio de otras personas. Hoy siento que ha llegado el momento de compartir ese camino. 2025 abrió una puerta. Y 2026 me está invitando a atravesarla. De ahí nace el Método Luzymar, con dos recorridos que forman parte de una misma visión.

Despertar de Luz representa el comienzo: un espacio para quienes sienten que algo nuevo está despertando en su interior y desean explorar una manera diferente de relacionarse consigo mismos y con la vida.

ADN de Luz propone profundizar en ese camino, para quienes sienten que están preparados para ir un paso más allá en su proceso de evolución personal.

No creo que exista una edad determinada para despertar. A veces comienza con una pregunta, con una sensación que no sabemos explicar o simplemente con la certeza de que ha llegado el momento de vivir de otra manera. Eso fue lo que me ocurrió a mí. ¿Y si ahora fuera tu momento?

Marta